Mediador y guía

Aunque para muchas personas hablar de un mediador en un museo es hablar de un guía, la realidad es que desde una perspectiva pedagógica más académica ambos proyectos son contrarios.

Sabemos que los primeros ejercicios de recorridos guiados son propios del siglo XIX, de hecho los textos existentes refieren a esa acción en el mismo sentido que la clase de un aula con el objetivo fundamental de transimitir información.

Se concebía que ir al museo implicaba tener datos y cifras alrededor de ciertos objetos donde la memoria ocuparía un elemento fundamental y central de la experiencia. Se esperaría que las personas recordarán el nombre del artista, la técnica, la situación historica del objeto y un largo etcétera.

Por otro lado, en mi trabajo la mediación será la forma como aplico la Teoría de Aprendizaje Mediado de R. Feurstein en el contexto de un museo. Concibe toda una metodología de acercamiento, sobre el como relacionarse con un grupo de personas, que criterios considerar en esta interacción, comenzando con el ser conciente de una intención por parte el mediador y buscar la reciprocidad en los visitantes, y que estrategias utilizar para que la conversación y el diálogo con el objeto museal brinde una experiencia memorable, rica en significados, construida por el mismo visitante.

Una diferencia importante con el monólogo del guía tradicional será que la perspectiva de la mediación es fundamentalmente constructivista por lo que requiere que sea la persona la que construya pensamiento, llegue a sus propias conclusiones y encuentre la información que responde a sus preguntas. Este esquema implica que muchas veces aunque el mediador tenga la respuesta, espere un momento dando oportunidad a la reflexión, a la inferencia e incluso a la proyección de relaciones virtuales por parte del visitante- todas ellas habilidades de pensamiento de alto nivel-.

En ese sentido, la mediación esta más ocupada en la persona que en los contenidos, considera un amplio espectro de posibilidades de acercamiento de un mismo objeto museal posibilitando el acercamiento de diversos públicos negando la “única” versión o perspectiva, prefiriendo la interdisciplina.

Por otro lado, Feurstein señalaría que la mediación ocurre entre padres e hijos, abuelos y nietos, amigos y amigas, parejas e incluso entre personas desconocidas, es una interacción no relacionada a un fin específico (como “aprender” cierto contenido para un exámen), la mediación es el proceso para hacer sentido de la experiencia y es más cercana a una conversación en un café que a la clase de un aula. En realidad, dentro del museo existe la mediación entre grupos de visitantes, y nosotros buscamos promoverlas y facilitarlas.

Lamentablemente, aún hoy en pleno siglo XXI, en muchos museos se busca negar las interacciones humanas prohibiendo las conversaciones e incluso hablar. Esto niega al museo como espacio social y conforma la experiencia con el patrimonio de forma unilateral y autocrática, limitando y definiendo, “interrumpiendo” la libertad de los públicos a acercarse de diversas maneras a las propuestas museísticas.

Por el contrario, al ser una conversación, el mediador -en una visita ideal- hablará entre un 20% y un 30% del tiempo del recorrido en contraste con un guía tradicional que hablará el 90% del tiempo. ¿Por qué? Debido a que las personas hacen sentido si pueden construir a partir del lenguaje sus reflexiones, encontrar relaciones, formular preguntas y discutir acerca de su conocimiento previo sobre cierto tema eso permite que la experiencia sea mucho más significativa.

Así, estas diferencias que ocurren en los museos, están ocurriendo también en la educación formal- donde el maestro tradicional que sólo habla, hoy debe promover la interacción corporal e intelectual de los alumnos, brindar retos y promover el trabajo colaborativo. El paradigma educativo en el ámbito de la educación formal esta también en lucha dentro de la educación en los museos.

Y ahí llegamos a una tercera diferencia entre el mediador y un guía tradicional. Por un lado se cree en muchos museos que el discurso curatorial es esta “palabra divina” que tiene el poder de comunicar a todos los públicos y eso es simplemente ridículo. Concebir toda propuesta, y discurso como multi-lenguaje y accesible a todo público es una metaignorancia (ignorar que ignoramos) la realidad de los públicos, de la enorme diferencias entre ellos sus necesidades y expectativas. Por ello es que H. Gardner (2001) autor de la teoría de Inteligencias Múltiples señalaba que es la diferencia entre las personas, la herramienta fundamental para el diseño de estrategias de aprendizaje.

Pero en muchos museos encontrarás que no importa lo que tu sientas, observes o reflexiones del objeto museal, la única voz reconocida será la de un curador experto y a la que no puedes nunca criticar, presentar un enofque distinto o solicitar más argumentos. En realidad, hoy en día toda hipotesis sobre el objeto museal es efectivamente una hipótesis. Un investigador tendra esta perspectiva pero otros investigadores tendrán otra. Las verdades absolutas son complicadas y brindan muchas perspectivas la trans disciplina implica dialogos más complejos sobre un objeto museal, nuestra concepción de memoria o de patrimonio.

Promover la idea que el arte o la historia sólo tienen una mirada absoluta es una perspectiva epistemologica muy simplista. Justo la riqueza de las aproximaciones al conocimiento permiten las miradas disciplinarias y eso es algo que no es común en los museos pero que en la mediación es totalmente natural al promover la reflexión, el intercambio y el diálogo como eje de la experiencia educativa.

La Mediación en el museo

En el 2003 realizamos junto con Patricia León el primer proyecto de mediación en museos en el Museo Nacional de Arte de México, aunque hoy mediación es una palabra común que puede ser cualquier acción educativa e incluso artística, en aquél momento sustentamos nuestro proyecto en la Teoria de Aprendizaje Mediado de Reuven Feurstein por lo que la comprendiamos como una acción absolutamente educativa.

En contraste para algunos museos hoy día, el uso de la palabra mediación se refiere más a la mediación del conflicto como si existiera un problema entre el objeto museal y el publico por tanto se requiere una persona que facilite la negociación entre ambos.

Mi perspectiva es más pedagógica, la teoría de aprendizaje mediado de Feurstein propone que  como educador en cada interacción con el público tendría que considerar una serie de criterios que permitirían la trascendencia de la experiencia, la construcción de significado o promover el sentimiento de capacidad en la persona.

Y si, como educador en museos desde entonces opté por promover el uso de una teórica pedagógica para promover nuevas reflexiones en nuestras interacciones con los diversos públicos.

Comprendemos la mediación como un proceso de interacción entre un ser humano y otro donde existe una intencionalidad por parte de uno de ellos que busca enfocar seleccionar y detonar experiencias, observaciones y reflexiones en un marco de reciprocidad y escucha.

Así, todo contacto humano entre los profesionales del museo y los usuarios debe ser una interacción de calidad que concibe una intención, escucha en el sentido de reciprocidad y se enfoca en las necesidades, expectativas y búsquedas del público. El trabajo del mediador entonces, busca filtrar y seleccionar; organizar y encuadrar; aislar y relacionar conocimientos (previos y nuevos); regular y adaptar; motivar y facilitar la construcción de sentido, la interpretación del usuario

¿Es verdad que todos los discursos curatoriales son legibles a los diversos públicos? ¿Es verdad que toda persona se involucra, comprende y dialoga con toda propuesta museística? o ¿La construcción de la interpretación depende de muchos factores que en algunas situaciones requieren (si la persona así lo considera) un mediador?

Entonces, desde esta perspectiva pedagógica, la mediación es contraria a la concepción del museo como un espacio donde lo que se espera del visitante es observar y recorrer, donde por lo general la conversación, la elaboración de hipótesis, la exploración o búsqueda de relaciones entre conceptos socioculturales no son elementos considerados.

Y esta mediación es totalmente contraria al museo tradicional donde todo visitante (a menos que tenga un guía) se encuentra sólo; si puede encontrar sentido, mejor para él, si no lo hace, es algo que no concierne al museo y va más allá de la conservación y presentación adecuada de los objetos museales. La realidad es que bajo esta concepción, los procesos posteriores a la inauguración no son importantes; el trabajo del museo termina al cortar el listón, mantener limpia la sala y proteger la obra de vandalismo.

Si el visitante tiene la fortuna de contar con un guía deberá escuchar y aprender cuál es el significado del objeto museal, su significado y muchos datos y hechos en un monólogo que por lo general dura alrededor de una hora. En el museo tradicional, la visita es exitosa en la medida que el público recuerde esos datos y “aprenda” datos del objeto pero es real ¿las personas pueden recordar la información recibida en una hora, procesarla y llevarla a su memoria a largo plazo? No, no según las investigaciones del cerebro de los últimos 20 años (Pero claro… las visitas guiadas nacieron muchas décadas antes de que las neurociencias existieran).

Por el contrario, la mediación propone la reflexión y la exploración, motiva la curiosidad y permite a los visitantes percibir nuevos horizontes de interpretación. Convierte al espacio museal en un ambiente inclusivo considerando a los diversos segmentos de las audiencias y la multiplicidad de estilos y preferencias de cada usuario, no generalizan al público, personalizan la atención a los usuarios con una persona que puede escuchar, brindar información (de ser necesario) motivar el acercamiento y tender puentes entre el visitante y la propuesta museística.