Museografía + educación

Creemos que brindar atención a las cualidades estéticas de objetos y ambientes que nos rodean es una antigua y profunda aspiración de nuestra especie y constituye en cuanto al aprendizaje una necesidad primaria (Rinaldi, 2006)

El museo utiliza primeramente el lenguaje museográfico como un medio de comunicación. Y es, este lenguaje de objetos, espacios, ambientes e incluso sonidos definitivamente humano en su imprenta y lectura. El espacio como tal puede permitir o prohibir, invitar o censurar, bloquear o participar en los procesos de aprendizaje.

Habitar el museo, encontrarse con el lenguaje de objetos, formas, colores, sensaciones; el lenguaje museográfico. Un lenguaje que utilizamos desde el acomodo de objetos en las tumbas hasta creencias espirituales sobre el fluir de energía en base al acomodo de muebles y colocación de objetos… somos seres museográficos.

Todo ser humano responde a ambientes donde los colores, materiales y objetos han sido seleccionados y diseñados con cuidado. La propuesta museográfica tiene como eje principal la idea que el visitante es usuario y observador, destinatario y elemento del mismo espacio.

Es posible entonces que en estos espacios museográficos, la sensibilidad estética pueda ser percibida y forme parte de la vida diaria. Lugares en los cuales, como muchos pensadores y filósofos nos recuerdan, la aspiración de la belleza se reconoce como un fin y actúa como un puente que permite relaciones más profundas con objetos, colores, texturas y materiales (Rinaldi, 2006)

En el museo entonces, buscamos crear ambientes multisensoriales, cálidos y accesibles, con el fin de acercar a la multiplicidad de los públicos considerando sus estilos y preferencias individuales de aprendizaje. Así, el abanico cromático debe ser diseñado para crear un efecto luminoso agradable y amable, armónico y no estruendoso. El ambiente espacial no se encuentra saturado con el fin de acentuar a los protagonistas: las exhibiciones, las personas y sus producciones.

El cuidado tomado para diseñar estos espacios, subraya nuestra imagen de los públicos. Considerar a cada visitante dentro de la propuesta museográfica a la par que las colecciones permite un museo equilibrado, que valora la presencia y acción de las personas. Permitir que el museo sea transformado por la acción del público brinda maleabilidad al espacio museal, da legitimidad a las lecturas y reflexiones, presenta en los muros las huellas de los visitantes como parte de la acción museística.

El espacio museográfico entonces es una superficie reflejante que reenvia al protagonista y protagonistas las huellas de su propio actuar, fomenta el acto de compartir; el cómo se esta conociendo.

¿Será posible que el museo permita a cada persona reflexionar sobre la manera como vive su vida? ¿Puede el museo convertirse en un catalizador de ideas y conocimiento? ¿En un espacio que no sólo brinda información enciclopédica sino acerca, contrasta, provoca, facilita la autocomprensión.

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