La mente creativa y el museo

La creatividad es reconocida en la actualidad como un valor intrínseco de nuestra época. La innovación define en muchos sentidos el devenir de nuestro mundo no solo en el contexto de las aplicaciones tecnológicas sino también en la moda, la comida, los medios de comunicación, el ejercicio y propuestas de espiritualidad.

Existe una diferencia básica entre el proceso de síntesis y la creación, necesariamente la creación no implica algo funcional en un primer termino, siempre son experimentaciones y nuevas miradas o perspectivas. No implica la revisión y aplicación de elementos probados sino una expresión de la prueba, el experimento, la incertidumbre.

El pensamiento creativo se vuelve fundamental y debemos motivar: la resolución de problemas de maneras ingeniosas, las nuevas perspectivas, la exploración abierta y el juego como un espacio para descubrir donde no hay respuestas correctas o incorrectas. Será el motivar a que la información y contenidos presentados puedan ser transferidos a otras formas nuevas e imprevistas.

En el contexto del museo al diseñar espacios y programas proponemos que:

  • Se privilegie el juego y la exploración
  • Existan niveles de retos que subrayen la búsqueda de posibilidades y respuestas innovadoras
  • Se dé un lugar predominante a la imaginación como motor de nuevas ideas y relaciones
  • Se conciba a todo el museo como un gran laboratorio e incluso se permitan espacios para investigar y experimentar de forma abierta y libre

La mente sintética y el museo

La mentalidad más apreciada en el siglo XXI será la mente capaz de sintetizar. Es decir, dominar varias perspectivas en una amalgama útil, poder seleccionar conocimientos de diversas disciplinas y reunirlos en narraciones, conceptos, taxonomías, metáforas, teorías y metanarraciones (Gardner, 2005)

Esta selección y reunión de información desde diversas fuentes resulta en una forma en la que adquiere sentido y puede ser comunicado.

Por mencionar un ejemplo, todo esquema de liderazgo o gestión requiere un fuertes habilidades de sintesís. Requiere estructurar tareas, aptitudes, objetivos y presentarlo de la mejor manera, brindando incluso una línea consecuente y organizada. Implica revisar lo que ha ocurrido y preveer lo nuevo, desarrollar enfoques y comunicarlos. Sin duda, incorporar nuevos hallazgos, nuevos conceptos, nuevas metodologías y principios forma parte de procesos en los que reunimos información externa y aplicamos lo necesario.

Esta forma de pensamiento nos remite directamente al trabajo interdisciplinario, con una importancia especial en nuestro mundo contemporáneo. En el contexto escolar, por ejemplo, situaciones para desarrollar la mente sintética se explora en las sesiones sobre “teoría del conocimiento” del bachillerato internacional.

En el museo, consideramos que para desarrollar esta forma de pensamiento será necesario:

  • Presentar la información desde múltiples perspectivas y medios
  • Fomentar las relaciones hipertextuales tanto entre diversos proyectos que se encuentren en el museo como al evidenciar relaciones interesantes con otras disciplinas

La mente disciplinada y los museos

La investigadora de Harvard Tina Grotzner junto con otros especialistas ha presentado resultados sobre la comprensión de contenidos en la mente de estudiantes desde hace varios años. Un elemento sorprendente de estos resultados son las explicaciones que brindan los estudiantes sobre ciertos temas o principios vistos en el aula pero no aprehendidos.  En muchos de estos casos los estudiantes incluso dan las mismas respuestas que otros estudiantes que jamás habían estudiado sobre el fenómeno.

En el caso de la física una y otra vez refieren el peso de los objetos al explicar la aceleración y la fuerza de gravedad. En biología existe la creencia de que la masa que conforma a los árboles proviene del agua y la tierra y no del CO2 como ocurre en realidad. En artes todavía y a pesar de su cercanía con expresiones contemporáneas, los estudiantes juzgan una propuesta artística en relación al realismo que presenta. En el caso de historia, suele haber explicaciones muy simples e incluso superficiales sobre ciertos procesos históricos, en cuanto a la guerra suele inferirse que la razón de tal evento se debe a la maldad de una sola persona en el poder y no refieren a la inmensa complejidad de tal momento histórico.

Desde la mirada de Gardner (2005) un elemento clave aquí es el concepto de la disciplina; lo cual implica la perfección en habilidades o aplicación de conocimientos. En diversos estudios se ha confirmado que poder comprender una disciplina toma diez años. Existe fundamentalmente una diferencia entre tener información sobre una disciplina (como la historia, o el arte) y otra en pensar desde el marco de tal disciplina. Aquí es necesario subrayar que tanto la gestión como el liderazgo son disciplinas al igual que oficios. Todos necesitamos afinar nuestras capacidades y habilidades relacionadas con el trabajo diario, convertirse en maestro se relaciona a manejar con maestría un oficio, una destreza o una habilidad.

Las investigaciones de los últimos años sobre aprendizaje han revelado una serie de descubrimientos sorprendentes y desalentadores. Se ha descubierto que los estudiantes tienen muchos conocimientos de hechos, nombres y fechas de distintas materias pero no han aprendido a pensar de manera disciplinada. El pensamiento disciplinado para Gardner se refiere directamente a la diferencia entre materia y disciplina. El tener información factual no implica necesariamente el pensar en concordancia con alguna disciplina, este conocimiento será “inerte” hasta que pueda incluirse en un contexto que permita abordar tal información desde una (o varias) perspectivas en relación a otros conceptos.

En otro sentido la mente disciplinada subraya el tipo de cognición que “caracteriza una disciplina académica, un oficio o una profesión” Su enfoque implica la repetición constante por un largo espacio de tiempo de manera que perfeccione habilidades y destrezas.

Al opinar, argumentar o tomar una postura con respecto a algún tema se requiere pensamiento disciplinado. Incluso en situaciones tan cotidianas como la salud personal, finanzas y expresión artística se requiere discernir el conocimiento previo, relacionar con conocimiento nuevo y enriquecer nuestras perspectivas sobre ciertos conceptos e ideas. En el mundo contemporáneo es fundamental el poder determinar que fuentes de información son fidedignas, cuál es nuestra postura con respecto a ciertos temas, poder mirar de forma más crítica temas complejos y discernir las cantidades de información que se nos presentan.

Así, con el propósito de fomentar el pensamiento disciplinado, en el museo consideramos que es necesario:

  • Abordar los temas desde distintas vías de acceso
  • Identificar dentro de los temas presentados su importancia en el contexto de la vida cotidiana de los visitantes, el contexto social y las problemáticas propias de la comunidad
  • Crear proyectos que fomenten la curiosidad, la exploración y la investigación subrayando las capacidades de aprendizaje autodidacta y brindando herramientas que faciliten el “aprender a aprender”

Museografía + educación

Creemos que brindar atención a las cualidades estéticas de objetos y ambientes que nos rodean es una antigua y profunda aspiración de nuestra especie y constituye en cuanto al aprendizaje una necesidad primaria (Rinaldi, 2006)

El museo utiliza primeramente el lenguaje museográfico como un medio de comunicación. Y es, este lenguaje de objetos, espacios, ambientes e incluso sonidos definitivamente humano en su imprenta y lectura. El espacio como tal puede permitir o prohibir, invitar o censurar, bloquear o participar en los procesos de aprendizaje.

Habitar el museo, encontrarse con el lenguaje de objetos, formas, colores, sensaciones; el lenguaje museográfico. Un lenguaje que utilizamos desde el acomodo de objetos en las tumbas hasta creencias espirituales sobre el fluir de energía en base al acomodo de muebles y colocación de objetos… somos seres museográficos.

Todo ser humano responde a ambientes donde los colores, materiales y objetos han sido seleccionados y diseñados con cuidado. La propuesta museográfica tiene como eje principal la idea que el visitante es usuario y observador, destinatario y elemento del mismo espacio.

Es posible entonces que en estos espacios museográficos, la sensibilidad estética pueda ser percibida y forme parte de la vida diaria. Lugares en los cuales, como muchos pensadores y filósofos nos recuerdan, la aspiración de la belleza se reconoce como un fin y actúa como un puente que permite relaciones más profundas con objetos, colores, texturas y materiales (Rinaldi, 2006)

En el museo entonces, buscamos crear ambientes multisensoriales, cálidos y accesibles, con el fin de acercar a la multiplicidad de los públicos considerando sus estilos y preferencias individuales de aprendizaje. Así, el abanico cromático debe ser diseñado para crear un efecto luminoso agradable y amable, armónico y no estruendoso. El ambiente espacial no se encuentra saturado con el fin de acentuar a los protagonistas: las exhibiciones, las personas y sus producciones.

El cuidado tomado para diseñar estos espacios, subraya nuestra imagen de los públicos. Considerar a cada visitante dentro de la propuesta museográfica a la par que las colecciones permite un museo equilibrado, que valora la presencia y acción de las personas. Permitir que el museo sea transformado por la acción del público brinda maleabilidad al espacio museal, da legitimidad a las lecturas y reflexiones, presenta en los muros las huellas de los visitantes como parte de la acción museística.

El espacio museográfico entonces es una superficie reflejante que reenvia al protagonista y protagonistas las huellas de su propio actuar, fomenta el acto de compartir; el cómo se esta conociendo.

¿Será posible que el museo permita a cada persona reflexionar sobre la manera como vive su vida? ¿Puede el museo convertirse en un catalizador de ideas y conocimiento? ¿En un espacio que no sólo brinda información enciclopédica sino acerca, contrasta, provoca, facilita la autocomprensión.

Interpretación en Museos

Los avances en la investigación en el cerebro durante el último siglo a través de disciplinas científicas como la neuropsicología y la neurofisiología fundamentaron los nuevos paradigmas sobre la concepción de la educación y el aprendizaje, paradigma que se conoce como la revolución cognitiva.

Una característica de este nuevo paradigma es el reconocimiento de esos procesos cognitivos que en todo momento y ante un nuevo estimulo, ambiente desconocido, problema o situación procesan información y nos permiten proyectar relaciones y encontrar sentido ante los nuevos retos. Múltiples investigaciones reportan que las personas aprenden efectivamente “fuera” del contexto escolarizado, través de periódicos, programas de televisión, viajes, conversaciones en un café y por supuesto en un museo.

Concebimos el aprendizaje como un proceso humano, que toma lugar en todo momento de la vida; aproxima y permite nuevas reflexiones, miradas y pensamientos sobre la vida diaria.  Los procesos de aprendizaje, desarrollan habilidades sociales y cognitivas; comprenden aspectos emotivos y están inmersos en el contexto personal de cada ser humano.

El encuentro con lo no conocido, con nueva información o con expresiones artísticas que no son familiares produce en las personas la búsqueda de significado; encontrarle sentido a tal ambiente, objeto, palabra o situación. Esta construcción de sentido es un proceso de aprendizaje que implica procesos cognitivos y operaciones mentales que van desde la simple observación hasta operaciones de alto nivel como la reflexión o la proyección de relaciones virtuales.

No toda situación implica un proceso significativo de aprendizaje, existen muchos estímulos que simplemente dejamos pasar; objetos, palabras o ambientes que por su complejidad o simpleza pueden ser ilegibles o pasar desapercibidos. No existe entonces ningún tipo de diálogo o relación entre el estímulo y la persona. Diversos estudios de público revelan situaciones como la anterior dentro de la experiencia del museo, cuando los públicos encuentran al espacio museal como frío, ilegible y demasiado complejo, el diálogo termina; ir al museo no supera la experiencia de caminar en un centro comercial algún fin de semana (hecho que para algunas personas seria más significativo).

¿Cuál debe ser la reacción de los profesionales del museo ante tales hechos? Si es verdad que el público es la raizon d’étre del museo, entonces una prioridad en la experiencia museística debe ser la experiencia de los públicos dentro del mismo museo, su contacto con las exposiciones y colecciones inherentes.

Buscar crear espacios que faciliten el diálogo, la interpretación de los públicos, la construcción de sentido, se convierten en acciones pertinentes en la labor museística. Incluso brindar herramientas que, una vez asimiladas por los visitantes puedan utilizarse nuevamente en otro espacio museográfico o al encontrarse con elementos museables.

¿Qué sucede en el encuentro entre la persona y las propuestas museológicas? ¿Qué ocurre en el escenario personal de cada individuo, sus pensamientos, reacciones, lecturas?

Cuando este encuentro se califica como significativo implica necesariamente elementos afectivos e intelectuales, motiva la exploración y la proyección de relaciones con eventos, información o expresiones vistas anteriormente, es un  proceso de búsqueda y construcción de sentido.

Desde estas premisas, la labor educativa del museo busca crear experiencias de aprendizaje, convivencia, diálogo e interpretación, utilizando estrategias respetuosas a las necesidades de cada visitante, donde el enfoque se centra en la persona, de ahí que:

  • Consideramos que las personas de cualquier edad pueden involucrarse, participar en un diálogo con el patrimonio y beneficiarse a través de el.
  • Partimos del supuesto de que, aquello que las personas tienen que decir sobre el patrimonio tangible e intangible merece ser tomado en cuenta.
  • Creemos que es importante el hecho de observar, formular preguntas, escuchar las respuestas, continuar observando y preguntar de nuevo.
  • Valoramos la participación del usuario en su encuentro con cualquier expresión patrimonial, no sólo como observador pasivo sino como un constructor de significado con un conocimiento previo, intereses y creencias que definen interpretaciones.
  • Estamos seguros que el patrimonio tangible e intangible contribuye ampliamente a la educación y al desarrollo humano.

Los visitantes construyen significado dentro de los museos usando un amplio rango de habilidades de pensamiento. Esta construcción de significado es primeramente personal, relacionado a los constructos mentales existentes (la red conceptual) y el patrón de ideas y creencias en las cuales la persona interpreta su experiencia al contacto con su alrededor. Por otro lado dicha construcción es socialmente moldeada tanto por el contexto cultural como por otras personas.

Es así que comprendemos la interpretación como una serie de procesos tanto cognitivos como afectivos, que ocurren en cada persona al encontrarse dentro el espacio museal.  Estos procesos mentales no sólo ocurren en el contexto del museo, sino en un amplio abanico de experiencias que ocurren durante toda la vida, de ahí la necesidad de reconocer al aprendizaje como un proceso que no es exclusivo a la escuela no a un momento de la vida.

Ser conscientes de estos procesos de interpretación en los visitantes y moldear al museo en una institución centrada en los públicos será el enfoque necesario al hablar de la acción educativa del museo. Es evidente en muchos estudios de públicos que los museos tienen la capacidad de crear experiencias memorables, significativas y altamente contextualizadas (Falk, 2000); y es en estas vivencias donde se detonan en los públicos procesos de aprendizaje que permiten que el patrimonio sea resignificado, valorado y apropiado por los usuarios. ¿Cuál es el impacto de la experiencia museal en las audiencias?

El atelier como un paradigma del museo de arte

Un ejemplo del cambio entre nuestra propuesta y las acciones tradicionales de las áreas educativas en los museos de arte será el atelier. Un espacio que utilizando el lenguaje museográfico propone hacer preguntas más que dar respuestas, dirigirte hacia la exploración, el descubrimiento, inferir posibilidades, crear soluciones…

Así, el atelier será un espacio que busca facilitar un proceso de experimentación en los públicos y que rompe con las metodologías tradicionales de los talleres en los museos de arte, más enfocadas en las manualidades o la copia.  Ahora, hemos querido enfocarnos en el proceso de la carrera más que en la fotografía final, porque estamos ciertos que este “caminar” este ir y volver en el pensamiento de los visitantes delinea procesos más complejos.

Entonces, este espacio invita a cambiar de un lenguaje a otro, de una forma de pensamiento a otro, al utilizar el lenguaje museográfico como plataforma fundamental es multisensorial. En ese sentido, por ejemplo, la diversidad de los materiales será más que una simple muestra estética de texturas, presenta retos cognitivos en cuanto al uso de un mismo soporte en diversas aplicaciones y para responder distintos problemas. Las texturas, formas y colores brindan múltiples posibilidades que deben romper con estructuras cómodas o soluciones estéticas comunes.

Por eso el enfoque en el proceso debe ser fundamental, ¿cuales son los elementos que construyen este proceso del que hablamos? ¿Qué preguntas se responden al observar, utilizar, comparar… ? es aquí, en el espacio del atelier donde se da este re-pensar y re-mirar lo creado; donde lo significativo toma lugar.

Es posible que la amplitud del concepto: múltiples lenguajes no se perciba de primera vista. Considero que desde el atelier, esta metáfora del expresar, comprender, hablar, traducir, interpretar… aclara y señala estos procesos de comunicación que viven las personas cuando comparten ideas acerca del trabajo de sus manos, sus ideas visibles y lo que les parece visualmente más adecuado.

Por ejemplo, ver una imagen incluye leer dicha imagen; y es esta lectura un proceso de construcción de sentido. Dibujar una idea y entonces explicar estos dibujos propios es un proceso que realizamos dentro del atelier todo el tiempo. Nuestra intención es que al utilizar el lenguaje plástico para expresar ideas y sentimientos, brindemos herramientas de interpretación. Una de las posibilidades es que los usuarios puedan llegar a percibir las emociones que despierta una imagen (creada por ellos) en el observador.

Así, puedo mirar al atelier también como una imagen de cada proyecto; no sólo por la construcción de un elemento físico que reúne todo lo que hemos pensado, dialogado y comprendido sobre un tema sino por que hace evidente lo complejo del pensamiento y la necesidad de brindar múltiples opciones de acercamiento (miradas desde el arte, la ciencia, la historia, las creencias…)

Cuando los visitantes participan en el proceso de estar en el atelier: adentrarse en una hipótesis, conversar con otros sobre lo que se ve, se siente y se piensa; construir con otros se presenta en una traducción colaborativa que permite la conversación y el uso del lenguaje.

Por otro lado, cada problemática abordada, tiene la posibilidad de enseñar la complejidad del pensamiento. Cada material e idea detrás de una composición (escultórica, escénica, plástica) brinda soluciones diversas, la expresión es compleja en si misma. Por ejemplo, el contacto con los medios del arte permite a los visitantes ampliar horizontes, mirar nuevas opciones e inferir posibilidades. En el arte los problemas pueden tener más de una solución y las preguntas más de una respuesta (Eisner, 2000).

Esta pluralidad también señala las pequeñas diferencias y esa es otra lección del arte. En el acercamiento a una expresión artística tratemos de observar más de cerca, a tomar en cuenta toda imagen, sonido, textura, aquí cada detalle es importante. Solemos fijar nuestra mirada en lo más evidente pero no olvidemos, las artes suelen utilizar muchos subtítulos (Eisner, 2000)

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